Proyectos y Programas


¿En qué consiste el trabajo voluntario en áreas protegidas?
En el Parque Nacional El Palmar, el Programa de Voluntarios brinda la posibilidad a todo aquel interesado en colaborar con el personal, en las tareas que se llevan a cabo en el mismo. El objetivo principal del Programa es involucrar a la comunidad con los objetivos de conservación del Parque, utilizándolo como escuela, para todo aquello que se está dispuesto a conocer y aprender.

¿En qué momento del año aceptan voluntarios en El Palmar?
El clima del Palmar, que en general es benigno, nos permite recibir voluntarios durante todo el año.

Soy menor de 18 años. ¿Puedo ser voluntario?
Si aún no cumpliste 18 años, la ficha de solicitud deberá incluir una autorización firmada por tu padre o tutor.

¿Cómo es el alojamiento?
En carpa y bolsa de dormir, que deberás traer. El camping es sin costo.

¿Qué tareas puedo desempeñar como voluntario en El Palmar?
Atención a visitantes, mantenimiento de senderos, miradores y otros espacios de uso público, apoyo a investigaciones, monitoreos y relevamientos, tareas de cartelería, entre otras.

Además de ropa y calzado adecuado, ¿qué debería llevar?
Repelente de insectos, protector solar, gorra, colchoneta aislante, elementos para cocinar, linterna.

¿Cuánto dura el voluntariado?

En general, se aceptan voluntarios por períodos de al menos 21 días, que pueden extenderse.

Al finalizar el voluntariado, ¿me entregan alguna constancia?
Sí, se entrega un certificado donde se detallan las tareas realizadas, con firma y sello de la Institución. Además, el tutor realiza una evaluación escrita del desempeño que se adjunta al certificado.

Para sumarse al Programa de Voluntarios de este Parque Nacional, es necesario presentar una solicitud por escrito, y otra documentación que aquí se detalla:

Para más datos:
Parque Nacional El Palmar (3287) Ubajay, Entre Ríos

Más información: (03447) 493-049/53, de lunes a domingos de 08:00 a 18:00 hs.

elpalmareducacion@gmail.com

En los últimos años, la Administración de Parques Nacionales y otros organismos de conservación de todo el mundo han comprobado que conservar las áreas protegidas implica intervenir, ya que algunos procesos biológicos alteran los ambientes naturales.
El uso del pastoreo de ganado es una valiosa herramienta para el mejoramiento de los hábitats de variadas especies de pastizal, tales como el ñandú, perdices, martinetas coloradas y vizcachas. Esta última especialmente, ya que necesita zonas despejadas de arbustos para establecer sus cuevas.

El pastoreo vacuno como herramienta de manejo fue analizado en numerosas instancias entre técnicos y guardaparques, y tiene dos objetivos fundamentales: la restauración de ambientes para la flora y fauna nativas y la prevención de incendios forestales, a través del mantenimiento de cortafuegos.

Por el momento, el pastoreo se hace en sectores que coinciden con los límites geográficos del Parque Nacional y en otros sitios estratégicos, en los cuales se intenta prevenir los incendios de campo. De este modo, la actividad ganadera contribuye al mantenimiento de los cortafuegos existentes dentro del Parque. Esto se logra disminuyendo la cantidad de pasto, que es el combustible de los incendios, en franjas que oscilan entre 100 y 150 metros de ancho.

El proyecto de herbivoría se realiza a través de la firma de convenios con ganaderos vecinos de la zona, que firman un convenio con la APN. Este establece las obligaciones del pastajero: construir y mantener los alambrados eléctricos, cuidar la hacienda y realizar un estricto control sanitario, cuyos requisitos son mayores incluso a los que establecen las normas vigentes. Las cargas ganaderas, que se expresan a través del peso de animal por superficie a pastorear, las establece la Intendencia junto a las instancias técnicas de Parques Nacionales. Estas cargas se definen de acuerdo a los objetivos de conservación del área protegida, de modo que se asegura que no exista impacto sobre el suelo ni el crecimiento de las palmeras ni de las demás especies que crecen en el Parque Nacional.
Los pastajeros hacen una contraprestación a través de insumos, bienes o servicios. El personal del área protegida fiscaliza la actividad diariamente.

Relevamiento poblacional y uso del hábitat del carpincho (Hydrochaerus hidrochaeris) en el Parque Nacional El Palmar y la cuenca del arroyo El Palmar.
Desde casi un año, el Parque Nacional El Palmar comenzó a efectuar el monitoreo de las poblaciones de carpinchos.

La caza ilegal y la disminución del hábitat fuera del área protegida han provocado una creciente disminución de sus poblaciones. Este monitoreo se efectúa con pasantes de diversas universidades francesas de carreras afines a la conservación, bajo la tutela y guía del personal técnico del Parque. El área de investigación se ha extendido a toda la Cuenca del arroyo El Palmar, donde se enclava nuestro parque.

Creación de áreas protegidas y forestación en la microrregión
Representantes de Municipios y ONGs de la microrregión “Tierra de Palmares”, con la asistencia del Parque Nacional El Palmar, se encuentran elaborando una estrategia en común para preservar los árboles y plantas nativas. El objetivo principal es avanzar en la gestión de proyectos que conserven la diversidad biológica, como jardines botánicos, reservas naturales urbanas, viveros y emprendimientos ecoturísticos.

Las localidades de Colón, Villa Elisa, Colonia Elisa, San José, Colonia Hocker, Arroyo Barú, Ubajay, Puerto Yeruá y el Parque Nacional El Palmar comparten una preocupación: aportar al desarrollo de nuestras comunidades, conservando nuestros recursos naturales.

Preservar los árboles que componen nuestros bosques y montes permite la supervivencia de otras especies de plantas asociadas a ellos, de las aves que en ellos anidan, y el sostén del suelo, evitando las inundaciones y la erosión. Este tema comenzó a instalarse en la opinión pública a partir del debate generado por los desmontes en otras regiones del país, que posibilitaron la sanción de la flamante Ley de Bosques. La inminente sanción de su decreto reglamentario será otro gran paso, ya que contemplará el apoyo para el ordenamiento territorial de las áreas de bosque nativo.

La construcción de la Autovía Mesopotámica es una obra de alto impacto que ya está modificando el paisaje en este litoral entrerriano. Entre los beneficios más importantes puede destacarse que brindará mayor seguridad vial y nos conectará más rápido con el resto del país. Pero a su vez, genera grandes movimientos de suelo, desmonte, desvío de cursos de agua y ruido. Una vez construida, será una importante barrera que dificultará el movimiento de animales y semillas de árboles de un lado al otro de la calzada.

Pero los vientos de cambio pueden ser buenos vientos. El año pasado, la preocupación por el destino de las palmeras yatay que quedaban en el trazado de la autovía, en el tramo Colonia Hocker-Ubajay, se transformó en satisfacción por los exitosos trasplantes de más de 100 palmeras, hacia lugares seguros cercanos a su ubicación original. En el invierno de 2008, se realizó la etapa de la forestación de banquinas, con especies exclusivamente nativas. Así, se espera crear pequeños corredores que permitan la conservación de nuestras especies, tratando de amortiguar su aislamiento.

En el marco de estas ideas, los municipios de esta zona se encuentran elaborando proyectos sustentables, relacionados con la gestión y manejo de áreas naturales, corredores biológicos, viveros de nativas, jardines botánicos, arbolados y parquizados, interpretación y educación ambiental, recursos culturales y patrimonio histórico, arqueológico y paleontológico.

Antiguamente, esta especie habitaba grandes extensiones de territorio en nuestro país, pero con el avance de la agricultura y la ganadería (cambios de uso de suelo), esta especie disminuyó drásticamente, desapareciendo en la actualidad de varios lugares en donde antaño abundaba.

Las poblaciones del Parque no escaparon a ese destino, sumándose a este factor la modificación de la vegetación (por el avance de especies leñosas exóticas como el paraíso y el ligustro, y arbustos nativos como la chilca, lo cual perjudicó a gran escala a esta especie.

Desde hace no más de dos años, sumándose al control de especies leñosas exóticas, se comenzó con la recuperación y restauración de los ambientes donde vive el ñandú. Este plan incluye desde quemas controladas hasta manejo de maquinaria como rolos, con el fin de bajar la densidad de los arbustos. Asimismo se hizo una cría experimental de cuatro charitos -crías de ñandúes- con el objetivo de analizar otras herramientas para la conservación de esta especie.

No es un trabajo fácil, pero gracias a la conciencia de la necesidad urgente este tipo de manejos dentro de las áreas protegidas nacionales, este proyecto deslumbra un nuevo amanecer para esta especie.

En los últimos 30 años, tanto en el Parque Nacional como en los campos vecinos, la población de vizcachas ha declinado hasta una situación muy comprometida, al borde de la extinción: se estima que a mediados del año 2006, la población de vizcachas en el Parque El Palmar era de un total de 25 individuos.

Distintas causas que se siguen investigando parecen estar implicadas en esta declinación. Desde el año 1999, el Parque Nacional El Palmar asumió el desafío de buscar las medidas y hacer las gestiones para revertir este problema.

En el año 2006, se realizó un encuentro de técnicos especializados y personal del Parque, para analizar la situación y vislumbrar alternativas de soluciones. El encuentro fue denominado“Posibilidades de conservar las vizcachas en la cuenca del arroyo El Palmar: de la plaga a la extinción”.

Fue organizado en conjunto con la Delegación Regional NEA, y tuvo la finalidad de intercambiar experiencias con profesionales con amplia experiencia en el tema, como el Técnico en manejo de vida silvestre Leonardo Barrios Caro, quien fuera funcionario de la Agencia Córdoba Ambiente durante más de 10 años. Además asistió Louis Beauchet-Filleau, estudiante de la Escuela Superior de Agricultura de Angers, Francia, quien trabajó en censos de población, encuestas, mapeos y evaluación del proyecto de reintroducción de esta especie durante varios meses, dentro del marco de una pasantía en el Parque Nacional. Asimismo se contó con la valiosa participación de Don Jorge Kuttel, quien fuera encargado del campo “Estancia El Palmar”, vecina al Parque Nacional, durante más de 30 años.

Las conclusiones del Taller indicaron que el factor principal que puso al borde de la extinción a estos animales se relaciona con cambios en el hábitat, tales como: Falta de intensidad y frecuencia en disturbios naturales como la herbivoría y el fuego, que favorecen la supervivencia de estos animales, ya que generan abundancia de pastos tiernos y áreas despejadas de vegetación; La disminución de los campos dedicados a la ganadería extensiva; Aparición de barreras en la conexión de los procesos naturales por falta de planificación ambiental en establecimientos productivos, y Destrucción directa del hábitat de la vizcacha debido al uso de los campos con fines agrícolas y forestales.

Para el caso particular del Parque Nacional El Palmar, es el primero de los factores mencionados el que incide en la situación poblacional de esta especie.
Se analizaron innovaciones en el manejo de sus ecosistemas, tales como el uso de herbívoros domésticos, concebidos como herramienta de conservación hasta que se logren recuperar las poblaciones de herbívoros silvestres.
La decisión más drástica que se tomó a partir del encuentro técnico fue el consenso sobre la necesidad de iniciar un plan de reintroducción en el Parque de grupos familiares provenientes de campos vecinos. De esta manera, se incrementaría la población de vizcachas del Palmar al tiempo que se atenuarían las acciones de exterminio en la región.

Asimismo se acordaron distintas medidas de manejo al corto plazo para las poblaciones existentes en el área de uso público.
Así fue como se inició el plan de captura, traslocación y manejo, a partir del cual se trasladaron unos 110 animales en total, entre la primavera de 2006 y el invierno de 2007.

Una vez instaladas en su nuevo hogar, el manejo de los animales consistió en monitoreos nocturnos para analizar su comportamiento, así como un suplemento dietario para ayudarlas en la adaptación al cambio. En este trabajo fue fundamental el aporte de voluntarios, pasantes, guardaparques y estudiantes, bajo la coordinación del técnico Barrios.

A medida que las nuevas familias completaron su etapa de adaptación, se pudo ver que fueron acondicionando nuevas cuevas y entrando en contacto con las familias existentes en el Parque, y comenzaron a reproducirse nuevamente. La población remanente había elegido el camping como su último refugio, debido a que la presencia humana favorecía condiciones de pasto corto y resguardo de predadores.

Por otra parte, el equipo de Educación y difusión del Parque, colaboró en la elaboración de estrategias para que los visitantes conozcan los hábitos de las vizcachas, con el fin de generar un vínculo de empatía que posibilite la protección de estos animales.

Así, se realizó un cartel explicativo del ciclo vital, que fue ubicado junto al Centro de Visitantes; y se asesoró al concesionario y personal del camping, para lograr una conducta respetuosa por parte de los visitantes, teniendo en cuenta lo especial de ese ámbito, donde el ser humano convive con numerosas especies de la flora y fauna silvestres. A partir de estos encuentros, se colocaron carteles indicadores de la distancia máxima exigida para la instalación de las carpas con respecto a las vizcacheras, y otras medidas de conservación. Además, se incluyó el tema de las vizcachas en la planificación de la nueva muestra del Centro de Visitantes.

La población actual de vizcachas del área protegida suma un total aproximado de más de 350 ejemplares. El número continúa creciendo…
Próximamente...